Frases en puntos suspensivos

Querida amiga:

  Esta será la última carta que te escriba. No sé si llegarás a leerla algún día, pero necesitaba decirte todo aquello que me quedó por decir.

  Te hice muchas promesas que jamás cumplí ni llegaré nunca a hacerlas realidad. Muchas palabras que ahora son tan sólo eso, palabras. Palabras que han perdido todo su sentido y significado, frases que quedaron en puntos suspensivos sin llegar a ningún final.

  Ahora siento haberme ido de tu lado aquel día. Apenas te acababa de conocer y sabía que quería pasar el resto de mi vida a tu lado, pero me tuve que ir. Tenía que hacer aquel viaje que había programado hace algún tiempo atrás. Tenía que encontrarme a mí mismo primero, antes de vivir esa aventura contigo. Después de todo lo que había sucedido necesitaba estar un tiempo solo, reflexionar y meditar. Nunca había planeado conocerte, pero la vida da vueltas y esa noche el destino quiso que te cruzaras en mi camino. No quería separarme de ti, pero te dejé ahí. “Solo son seis meses, el tiempo pasa rápido”, pensaba una y otra vez. Ahora sé que esos malditos seis meses durarán para siempre.

  Te prometí que volvería, te dije que estaría contigo siempre, te pedí que me esperaras, pero sólo eran palabras. Durante todos aquellos días que estuve viajando no hubo un día que no pensara en ti. El viaje fue largo, recorrí medio mundo y acabé en la otra parte, pero conseguí mi propósito; me encontré a mí mismo y me di cuenta de que estaba equivocado. Aprendí a valorar cosas que nunca me habían importado, a ser yo mismo sin tener en cuenta la opinión de los demás, a vivir mi vida y tomar mis decisiones. Y cada vez la idea de volver junto a ti era más fuerte.

  Estaba listo para regresar, lo tenía claro. Una semana más y volvería a tu lado. Quería empezar esa nueva aventura con todo lo que había aprendido, enseñarte la vida con otros ojos. Tan sólo una semana y estos seis meses quedarían lejanos, permaneciendo en mi recuerdo para siempre. Ahora el tiempo jugaba a nuestro favor, pero una vez más el destino me tenía algo preparado. Algo que ni tú, ni yo, ni nadie había planeado.

  Esa mañana tenía mucho trabajo. El sol relucía en el campo. A pesar de ser invierno hacía calor. Estaba contento, tenía el presentimiento de que algo iba a cambiar y estaba feliz. Coloqué la escalera y subí aquellos peldaños que me acercaban un poco más al cielo. Cogí aquel cable roto y, entonces, lo noté. Fue todo muy rápido. Un destello de luz, una descarga, una punzada que recorrió todo mi cuerpo y se me clavó en el corazón.

  Ahora sé que nunca más regresaré, que nunca volveré a dormir a tu lado, que todo lo que te había prometido se rompió en aquel instante, que todo lo que te dije se quedará en el olvido y que aquellas frases continuarán para siempre en puntos suspensivos.

  Ahora sé que esta carta nunca la llegarás a leer, que todo lo que me quedó por decir seguirá guardado en mí, que nunca sabrás si te quise de verdad y nunca entenderás porqué me tuve que ir. Ahora sólo puedo hacerte una promesa que quizá sí llegue a cumplir y, es que, esté donde esté, me toca esperar a mí.

  Un beso y hasta siempre.

 

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